19:30 Corrupción política
| Cultural - Cine y Teatro |
Ayer [30 de enero 2011] pudimos ver 19:30 en el teatro de Torrejón de Ardoz. Una historia bastante entretenida de corrupción política, financiación ilegal de partidos y de cómo personas idealistas -los políticos- o comprometidas con la verdad -los periodistas- terminan asumiendo una maquinaria de corrupción en la que entran justificándola para acabar siendo, irónicamente, sus víctimas. Porque es una máquina que sólo deja sobrevivir a unos pocos, a los de más arriba.
Lo de la corrupción no es nuevo y lo de ser verdugo y víctima al mismo tiempo tampoco. Cualquiera que guste del cine político sabe que esas cosas ya han sido muchas veces retratadas con bastante genialidad: Todos los Hombres del Presidente, Siete días de Mayo, o El Político, entre otras grandes películas lo han hecho. Aunque nunca está de más volver a visitar algo que se produce de forma perenne.
Pero al no descubrir nada nuevo casi la podríamos acusar de lo mismo que denuncia. La obra es casi tan cínica como sus personajes políticos o periodistas. Recurre a lo común, a lo fácil y a lo demagógico, que el espectador ya llevaba antes de entrar: la corrupción entre los poderosos y la doble moral ante el pecado propio. Como un personaje dice, la gente es inteligente pero cuando aparecen en masa son manipulables, siguen lo que les cuentan. Lo que se podría aplicar también al dramaturgo y a los actores que no vienen a diferenciarse del portavoz parlamentario que representan.
Al final la obra funciona igual que una postura partidista, no se atreve a decirle a su público nada que pudiera provocar un desaire, un momento de reflexión o duda contra sí mismo. Prefiere el entretenimiento bien construido a ese instante complicado de la verdad en el que notas que algo no encaja. Podríamos decir que al revés de lo que intenta, es lo político lo que funciona como espejo del texto y su intención. Y pone en evidencia algo que no todo el mundo está dispuesto a aceptar: que la corrupción política no es algo que pueda arreglarse señalando con un dedo cínico que todo lo ve –igual- y no está dispuesto a moverse de su cómoda posición; sino que la corrupción o la degradación de la política necesita de acción y de aceptar de vez en cuando verdades que nos hagan dudar de donde estamos, dónde queremos llegar y que medios estamos dispuestos no a aceptar sino a rechazar.
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Ultima actualización ( Jueves 17 de Febrero de 2011 22:56 )
