¿Es compatible la política con el honor?
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¿Se puede colaborar con el poder y tener honor?
Si se es un conquistador, odiarás a tus víctimas, te recordarán tu condición, con lo que seguirás atropellándolas caprichosamente. Si eres un humillado y colaboras, sólo serás un traidor a los tuyos, los defenestrados. A los ganadores sólo les queda seguir conquistando, y a los perdedores rebelarse de forma casi suicida y puritana, a menos que se mezclen, entrando en una tensión donde ya será difícil distinguirlos.
Esta vieja dialéctica entre el amo y esclavo, está plasmada de forma sublime en los diálogos de Becket, una película que hace cuarentaicinco años se llevo sólo un Oscar de los doce a los que estaba nominada. Y que ahora han reeditado.
Tomas Becket y Enrique II son una encarnación perfecta de esta pelea. Alguien que se presta a colaborar, Becket, un excelente tutor, consejero y estratega. Aparentemente dejando sus principios atrás. Aunque es verdad, que irá, gradualmente, demostrando –a lo largo de toda narración- que sí tiene principios –salva dos vidas- pero que sólo los defiende cuando es posible concluir con acierto –dejará ir otra vida, cuando vea que es imposible oponerse-
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Principios hasta donde se pueda. Eso en España lo llamamos posibilismo. Incluso arte de realidades. Pero en Becket tenemos un final bastante paradigmático para esta propuesta pragmática que ha dominado casi siempre la política, a saber, que si los principios sólo se tienen cuando se puede ganar con ellos, entonces no son principios, son medios. Los principios, el honor, es algo que sólo es real cuando se lleva hasta el final, se gane o se pierda.
Y bueno, al final de la historia, nadie habrá ganado ni nadie habrá perdido, porque todo se diluirá con el fin de la galaxia o el universo. Y si algo queda más allá de la materia, serán los principios y el honor. Del que se podrán seguir haciendo historias.
Pero tampoco se podrán hacer historias de los que se suiciden nada más comenzar la función. No dejarán rastro.
Cosas que dice mejor la película. Así que les dejo uno de los primeros diálogos, genial como todos, que ya contiene toda la historia. De lo mejor que he visto.
Ahh nadie lo hace como tú Tomas.
Gracias
Y pensar que a ti te gusta tanto el frío.
Te convertí en Noble, pero me sirves como un criado.
Soy vuestro servidor en el consejo y en el baño.
Mis barones normandos piensas que así empañas la nobleza.
La nobleza está en el hombre, no en la toalla.
¿Sabes cuantos disgustos me costó hacerte noble?
Sí, me señalasteis y me dijisteis:
Tomas Becket, tu eres noble.
La reina y vuestra madre se perturbaron.
Siempre están perturbadas.
No, me refiero a los disgustos con los barones.
Ya sabes que te odian.
Siempre se odia a quien se ofende.
Al invadir Inglaterra tomasteis nuestras tierras, y violasteis a nuestras hermanas. Naturalmente odiáis a los sajones.
No me incluyas a mí.
Fue mi bisabuelo Guillermo, llamado el “Conquistador”, yo soy un antiguo residente.
No me refería a vos.
¿no? Cuando te tomé a mi servicio, me dijeron que me apuñalaríais.
¿lo creísteis?
No, les dije que erais un hombre de honor y un colaborador.
Y acertasteis.
¿Cómo armonizas ambas cosas?
¿Qué?
Honor y colaboración.
No lo intento.
Adoro la buena vida, y es normanda.
Amo la vida y el único derecho sajón es morir.
Colaboro para vivir.
¿Y el honor?
El honor preocupa a los vivos. A los muertos no puede preocuparles.
Eres demasiado listo para mí. Pero sé que en tu razonamiento algo no es sincero.
El honor es un asunto privado. Cada uno tiene su propia versión.
Con que gracia me dices que me meta en mis asuntos.
Es la hora del consejo.
A Rob C. puedes leerle en http://modoexplicito.com
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Ultima actualización ( Jueves 24 de Septiembre de 2009 21:25 )
