Capaces de matar a su jefe. Hoy [17-12-2010] ha sido un día en esos en los que nadie justifica el asesinato pero muchos se muestran comprensivos. Y no se escuchaban sólo las razones en relajadas conversaciones de café, no, también en los contertulios de todo el espectro ideológico. Qué si lo raro es que no pasara más o que no hubiera pasado antes, o que si con tanta presión no se puede vivir. O como dice el titular de elpais.com la causa de la muerte de estas personas ha sido el despido.

Es el mismo razonamiento que justifica la violencia o la delincuencia por la pobreza, ya saben, esas familias desectructuradas y de roles confusos apalancadas en el extrarradio. Que algunos utilizan en paralelo con su defensa de las reformas sociales o su crítica del sistema judicial o penitenciario, ya sabes, esa violencia casi necesaria del pobre frente a la gratuita de la ejercida por los de traje y corbata.

Un razonamiento que además coexiste con cierta satisfacción en la mente de los que sí ejercen la gratuidad sobre sus semejantes. Esos que piensan que la pobreza y la condición moral van inextricablemente cosidas. Qué de los pobres más vale no fiarse. Qué cuando trabajan más vale vigilarles y atosigarles en vez de potenciarles. Qué sus barrios bien están alejados y separados por autopistas. Y que cualquier política social es inútil porque de nada sirve si no les reforman esa tendencia natural hacia el mal.

Y si eso piensan de los pobres que no van a pensar de los parados. Especialmente esos moralistas de la tertulia o teóricos políticos de la izquierda y derecha santas.

Pues no. Ese tío que ha matado a cuatro personas, no lo ha matado por su condición de parado. Igual que nadie mata por escuchar a un grupo de rock duro, por los viodeojuegos, por desamor, o por el rol. Sino que lo hacen porque tienen varias neuronas bastante defectuosas. Los pobres, los parados, los separados sin casa, sin hijos y sin sueldo, o los que tienen cualquier tipo de dificultad son en bastantes más casos ejemplos morales de superación, antes que peligros sociales. Y no porque la pobreza genere bondad por arte de magia, sino porque a veces las dificultades sacan lo mejor de nosotros. Y a eso es a lo que tendríamos que apelar todos durante la crisis.

Cosas parecidas: El mito del indigente emprendedor y del parado subvencionado

PS: Cuando Pablo Iglesias hablaba de que había que ser ejemplar, lo decía por estas cosas. Porque la pelea del que no tiene casi nada, empieza por reclamar su condición moral, su respeto e incluso su orgullo, y no la de víctima del sistema.

 

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Ultima actualización ( Sábado 18 de Diciembre de 2010 12:29 )