Incertidumbre, política y representación
| Política - Ideas |
Sí, es Ridley Scott, hay explosiones hasta para derrumbar castillos. Pero la idea central es buena: frente al tradicional Robin Hood que roba a los ricos para dárselo a los pobres, tenemos un Robin que quita poder a los poderosos para transformarlo en una ley común, para redistribuirlo entre quienes van a la batalla sostienen el destino de todos. Se podría decir que es un Robin Hood republicano que le recuerda a Cesar que la lealtad tiene dos sentidos y unas reglas equivalentes para ambos.
¿Qué pasaría si mañana tuviéramos una crisis energética y nos quedáramos a la mitad de suministros? ¿O terremotos desoladores como los que azotan Japón? Imaginen una situación de caos donde el contraste de la información fuese casi imposible ¿Hacia dónde iría la sociedad? ¿Quién marcaría ese camino? ¿Cómo se elegiría esa decisión o a los futuros líderes?
La idea de democracia como platos diferentes de una carta que elegir a la hora de cenar desaparecería en un abrir y cerrar de ojos. Quizás por ser una mentira televisivamente sostenida. El mercado de la política se esfumaría y los generales volverían a la arena de lo público. Posiblemente la democracia como oferta para las masas fue el mejor avance desde esos parlamentos representativos de los estamentos influyentes de una nación. Y estos parlamentos el mejor progreso respecto de las monarquías absolutistas. Pero estos dos seres, democracia y parlamentos, son sólo entidades representativas, son sólo imágenes volátiles que pueden desaparecer instantáneamente frente a una realidad turbulenta.
Ante ese caos la ciudadanía desaparecería para dar paso a los súbditos –o los combatientes- y cualquier persona tendría cierta sensación de pérdida que poco a poco se iría transformando en otra sensación de pertenencia a la comunidad no democrática que le permite sobrevivir. Así es nuestra mente colectiva. Y vuelta a empezar.
Sin ser agoreros, frente a un mundo que se asoma incierto, quizás no vendría mal que en el esfera política empezásemos a mirar un poco más que dice el republicanismo sobre las virtudes públicas, la manera de proceder, el anclaje social de cada uno, la forma de estar en el mundo, la distribución del poder y los fines colectivos. Algo que haga a cada uno un sujeto político más allá de sus representantes, aunque eso conlleve el esfuerzo de dejar ser un telespectador de lo público. Que obligue a tomar decisiones y actuar. A conectarse unos con otros bajo relaciones virtuosas. Recuperar algo a Aristóteles. Quizás en un mundo caótico haya que virar del liberalismo parlamentario al republicanismo para seguir defendiendo las mismas cosas: las libertades individuales y la autonomía de cualquier persona frente a los poderosos. Sin televisión tendríamos que ser nuestros propios guías. Eso o ser parte de organismos cuyas oligarquías manejen a conveniencia a cualquiera de sus miembros en nombre de un falso bien común sin representación posible –sin espejo parlamentario en el que mirarlo ni luz informativa que le de forma- más allá del sueño incompleto y loco de quien lo formule en nombre de todos o en nombre de Dios. Populista o tirano. Blanco o negro.
Original del blog Modo Explícito
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Ultima actualización ( Lunes 14 de Marzo de 2011 23:14 )
