Marsé
| Cultural - Libros |
Contra la infamia y el olvido a través de la imaginación y el sentido.
Los libros de Juan Marsé son una imaginación constante que sobrepasa la realidad de la que parten, buscando las verdades ocultas en mil recovecos. Añorando un sentido que se va construyendo con los desechos de las derrotas, colectivas y personales, recorriendo todas las esquinas y cruces de caminos de una Barcelona de posguerra, hasta dar con lo verosímil.
Quizás este sea el sino de los grandes artistas y escritores españoles: darnos con su imaginación un mundo ficticio que se nos hace mucho más verdadero que el mundo de apariencias -forzadas- donde vivimos.
Marsé coge un marco real como es Barcelona, una herida abierta tras una gran derrota y una gran mentira construida oficialmente, para chocarlas contra mil historias ficticias y una memoria común, mostrando algo que se nos antoja muy real, muy duro e incisivo.
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En Si te dicen que Cai, Marsé olvidándose de la censura de su época, escribió una gran denuncia de la mentira de estado que estaba viviendo España. Las historias de los personajes, sus aventis, ponían patas arriba un sistema construido para negar y eliminar a las víctimas y enemigos. Con interminables ficciones, entrelazadas extenuantemente, llegaba a la verdad oculta de una maquinaria podrida cuyo principal objetivo era levantar un armazón imaginario.
Los sueños rotos, las víctimas, los opresores, las imaginaciones contadas y denunciadas, dejan ver un sustrato pútrido que todos pisaban. Y que más tarde olerían los personajes de El Embrujo de Shangai. Donde pasa del contraataque -literario- contra la desinformación, a narrar el mundo oculto de las víctimas y perdedores –casi todos los eran de una forma u otra- a los que se le negaba cualquier prosperidad e ilusión. Unas vidas pesadas de llevar, que necesitaban un Shangai lejano que soñar para escapar de una fea realidad, que convertía en loco y paria a cualquiera –el Capitán Blay- que levantara la voz, apuntando al monstruo de la ignominia que se había instalado en todos los hogares.
Pero esta novela no sólo va de la necesidad de ensoñación en el sinsentido, también cuenta todo lo contrario. La traición a los ideales, la degradación de lo bueno a lo malo en la historia de una persona. Una gran pregunta moral está en sus páginas, que no es la metafísica: ¿Por qué existe el mal? Sino, una muy humana:
¿Cuándo se torció el camino, donde extraviamos la utopía? ¿Por qué tanta fe y tanto vigor moral se trocaron en egoísmo y superchería?
Una pregunta pesimista para situación con un triste futuro. Pero que no constituía la última palabra. Porque el ideal muerto en los padres derrotados volvía a nacer en algunos de sus hijos. Como David, en Rabos de Lagartija. Un chico indomable, irónico y mordaz, dispuesto a defender la verdad aunque el sistema le pasara por encima como un tren imparable.
Todo ello con un gran cuidado de las palabras. Marsé demuestra en esta novela ser un maestro de la metáfora como lo son pocos autores. Consigue párrafos con que dan sentido a múltiples lecturas arrancadas desde el principio de sus páginas. Perspectivas que se cristalizan en una imagen, como la de la lagartija partida por la mitad, que explica tan dolorosamente la España mutilada o los coletazos agónicos e irracionales de los perdedores tras perder la cabeza.
Porque Marsé no es sólo memoria y posguerra. Es mucha forma -bella- a través de la escritura. En él nos conducen las historias de amor y de odio de muchos fracasos y pérdidas, y en sus páginas –y es quizás lo que más me guste de su lectura- hay momentos de mucha rabia e ironía descarnada y fatalista en unos personajes que no quieren dejarse pisar, pero que también saben que su victoria se hizo imposible hace mucho tiempo. Marsé dibuja flores en un mundo sin el oxígeno que necesitan para sobrevivir, dotándolas de una cólera que les hacen olvidar lo que un día anhelaron ser.
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Ultima actualización ( Miércoles 20 de Enero de 2010 00:49 )
