Hace ya seis años que por caprichos del destino, y porqué no decirlo, de la burbuja inmobiliaria que se estaba gestando, llegué a Torrejón de Ardoz.

Fue un verano calurosísimo de mudanza, de explorar el pueblo, de ver desde donde comprar pan hasta donde cortarme el pelo, de empezar a descubrir rutas de paseo vespertino, terrazas donde tomar una cervecita fresquita, de acostumbrarse a atasco de Canillejas para entrar a Madrid a primera hora...

Torrejón no es una ciudad bonita, como la mayoría de las ciudades dormitorio del cinturón metropolitano de Madrid. El crecimiento desbocado de los años 60 y 70, sin planificación urbanística futura alguna, dio como resultado enjambres de viviendas sin ordenación ninguna, con calles atropelladas unas sobre otras, sin apenas espacios públicos, ni las necesarias dotaciones.

Estos pueblos, ahora ciudades son lugares inhóspitos, han perdido el carácter de pueblo, pero no tienen la personalidad propia de una ciudad. Son poblaciones mucho mayores que pequeñas ciudades capitales de provincia, pero sin su sentimiento ciudadano de pertenencia.

Cuando estamos fuera, nos consideramos de Madrid, no somos torrejoneros, mostoleños o getafenses. Son nuestro lugar de residencia, pero solo para dormir. Somos habitantes funcionales, no participativos en la vida de nuestro municipio. No nos interesa lo que sucede en las entrañas de él, ni a sus vecinos.

Solo tenemos interés en él cuando es el único en resolvernos algún problema y es cuando suele ser tarde.

¿Que me encontré cuando llegué? Puedo considerarme afortunado. La zona donde compré mi vivienda estaba muy cerca del centro urbano de Torrejón. No me encontré con los problemas típicos de los nuevos desarrollos urbanísticos, que no son medianamente habitables hasta pasados de 5 a 10  años. Vivo a 5 minutos andando de la Plaza de mi pueblo, tengo la “Continental” y la “Renfe” a una distancia similar. En fin, que existe vida nada más cruzar una avenida.

En estos seis años, esto me ha permitido poder participar en la vida de mi pueblo, hacer amigos, en definitiva, sentirme Torrejonero de Adopción. Quizá no haya nacido y crecido aquí, si lo hará mi hijo, pero el cariño que ya siento por este, mi pueblo, hace que a pesar de lo que puedan decir los más viejos del lugar, no me harán sentirme forastero.

Torrejón de Ardoz es ya la ciudad de más de 115.000 almas, la mayoría de recién llegados y hijos de ellos, porque, ¿que son 30 o 40 años comparado con nuestra Historia? Ahora todos tenemos la obligación de seguir escribiéndola. No seas un@ “bell@ durmiente” y participa y siéntete de tu pueblo. Haz que sea un lugar mejor para tod@s, para los actuales y sobre todo para los futuros ciudadan@s de Torrejón. NUESTRO PUEBLO.

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Ultima actualización ( Martes 28 de Julio de 2009 00:49 )